Érase una vez, una familia alces: la mamá, el papá y
Rufo, el hijo.
Rufo era un alce muy curioso y aventurero. Su sueño
era recorrer el mundo, ser viajero pero sus padres no lo consideraban apropiado,
pensaban que él se debería dedicar a dirigir la manada al igual que lo hacia su
padre. Pero llegó un momento que se hartó de eso y sin dejar rastro huyó.
Caminó mucho tiempo y en el camino se encontró con
un gorrioncito que se estaba bañando en un charquito de lluvia.
-hola, ah… ¿Qué hace un alce por esta zona, y sin
compañía?
-hola, estoy aquí porque mi sueño es recorrer el
mundo y estoy solo porque mis padres no me apoyan y prefiero hacer mi viaje
solo- dijo decidido Rufo.
-que interesante ¿te puedo acompañar?-preguntó el
gorrión.
- ¡por supuesto! Ya me estaba aburriendo de viajar
solo, mi nombre es Rufo.
- y el mío Lalo- contestó el gorrión y sin decir más
emprendieron viaje.
Caminaron unas cuantas horas y llegaron a
Neuquén y Lalo, que tenía abuelos neuquinos que le
contaban historias, supo orientarse y le dijo a Rufo:
-estamos en la provincia de Neuquén, yo lo se porque
mis abuelos viven aquí, podríamos pasar por su casa y de paso podemos
descansar, comer un poco y pedirles ayuda para nuestro viaje-dijo Lalo.
-es una excelente idea. Ve volando y yo te sigo-
contestó Rufo.
Y 15m. Más tarde ya se encontraban en la casa de los
abuelos de Lalo. Golpearon la puerta de la casita y una gorrioncita con
anteojos y bastón salió de la casa.
- ay querido Lalo, como te extrañé…-dijo la
gorrioncita dejándole bien claro a Rufo que era su abuela-y…¿Quién es tu amigo?-dijo
mirando a Rufo.
-es mi amigo, Rufo estamos viajando juntos y como
pasamos por aquí quisimos descansar y de paso que nos ayuden con nuestro viaje.
-por supuesto cariño entren, entren.
Por suerte la casa era una cueva en un ombú y como Rufo
tenía las astas pequeñas y el también el era chiquito, no tuvo ningún problema
en entrar.
-hola niños, bienvenidos- el abuelo de Lalo dándole
un abrazo a Lalo y saludando a Rufo.
-pueden quedarse aquí el tiempo que quieran y el abuelo
los ayudará con lo del viaje- aportó la abuela mientras cocinaba.
-gracias, nos quedaremos un par de días necesitamos
descansar-dijo Lalo.
A la noche la abuela fue a la parte de abajo del
árbol para preparar las camas.
-muy bien, Lalo aquí esta tu nido y a ti Rufo te
hice como un nido más grande con hojas de nuestro árbol.
-Muchas gracias-dijeron Lalo y Rufo al unísono y se
acostaron a dormir.
-guau!-gritó Lalo -Rufo, despierta, despierta.
-ya estoy despierto…¡guau!
En el suelo había un apetitoso tomate y una lombriz
gorda y grande.
-guau que bien desayuno a la cama!-exclamó Rufo
-si a mi abuela le gusta ser buena con sus
invitados- dijo Lalo.
-Hola chicos, ¿les gustó el desayuno?-dijo la abuela
-me encantó, muchas gracias-dijo Rufo.
-mirá Rufo mi abuelo nos dio un mapa-dijo Lalo
mostrándole un mapa de Argentina-nosotros estamos aquí –dijo señalando la
provincia de Neuquén-y nos convendría ir por aquí, al sur.
-muy bien entonces vamos-dijo Rufo.
-aquí tienen unos cuantos tomates, gusanos y una canasta
para guardar las cosas-dijo la abuela.
-gracias Abu-dijo Lalo y al terminar de guardar las
cosas partieron.
Caminaron 2 semanas aproximadamente y llegaron a un
lugar hermoso.
-¡qué belleza!-exclamó Rufo
-según el mapa este lugar se llama Patagonia y mi
abuelo dice que es un lugar hermoso, me contó
muchas historias sobre el lugar.
-te parece que nos quedemos aquí?-preguntó Rufo
-por supuesto que sí!-contestó Lalo
Y sin decir más, se buscaron una cueva, pasto seco y
fresco para hacer camas, comida y se quedaron a vivir allí.
FIN
Autora: Morena Luna
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